12 de octubre: entre la hispanidad y la resistencia indígena

Por Eddy Romero Meza.

Toda conmemoración es hacer política por otros medios (Moreno, 2021); historia, memoria y política se conjugan en todo acto conmemorativo[1]. Los Estados requieren un relato nacional, que exalte sus orígenes, celebre a sus padres fundadores, erija héroes e instituya determinados acontecimientos como hitos históricos. Los historiadores son los llamados a construir tales relatos y convertirlos en nacionales. La historia positivista que tenía como emblema “describir y no opinar”, y aspiraba a la neutralidad, en realidad nunca fue tal. El ejercicio de selección de documentos y el silenciamiento de otros, ya constituía una toma de postura. Por otro lado, el romanticismo fue la corriente en la cual se inscribieron las historias nacionales. Las gestas o relatos heroicos recorren las páginas de los libros de historia de cada país.

Actualmente los historiadores, toman distancia de la historia romántica y el nacionalismo historiográfico. El problema del gremio, es que el nacionalismo siempre es el sentimiento o ideología de los “otros”, y nunca es reconocida como propia. Ello se ejemplifica en el abordaje del significado del 12 de octubre y el Descubrimiento de América. Cristóbal Colón: ¿héroe descubridor o simple invasor? A estas alturas deberíamos superar tales caracterizaciones reduccionistas. Desde la orilla ibérica, sectores conservadores y ultraderechistas, quieren mantener el relato del héroe civilizador; mientras desde América, algunos grupos proindigenistas, reducen a Colón a la condición de sádico o genocida.

Ahora, el asunto es más complejo que asumir una postura de “justo medio”, la cual es empleada por algunos historiadores para prescindir de una crítica más profunda. Un ejemplo lo podemos hallar en la famosa conmemoración por los 500 años del Descubrimiento de América en 1992. Si bien el nacionalismo cobrizo o indigenista se contrapuso al nacionalismo prohispanista, hubo sectores que se presentaron como “superados”, y fueron los que tomaron como bandera la denominación de “El encuentro de dos mundos”[2]. Y aunque se reconocía la violencia de la conquista, y la crueldad del trato hacia los pueblos originarios; ello quedaba relegado ante la idea del “encuentro”, marcado por el sincretismo, el intercambio y el “mestizaje” fundador de la raza y cultura americana actual.

La “tesis del mestizaje”, aparentemente es conciliadora y describe las innegables mezclas a nivel racial y cultural, producidas durante la colonización. El asunto es que prescinde de un examen crítico de ese dramático proceso histórico, donde la mezcla racial se puede relacionar fácilmente a las violaciones sistemáticas de miles de mujeres indígenas (y posteriormente de mujeres de origen africano); y la fusión cultural, que se traduce mejor como un conjunto de superposiciones o imposiciones culturales. El etnocidio fue una realidad histórica, y los que proclaman el encuentro casi armónico de los pueblos de Occidente y América (“Encuentro entre dos mundos”), prescinden de mencionarlo en sus análisis históricos. La tesis del mestizaje, recorre las identidades nacionales promovidas por los Estados americanos y sus élites criollas. Las oligarquías nacionales y los intelectuales conservadores, veían en la occidentalización el único camino hacia la modernidad y el progreso. El mestizaje como proyecto, resultaba en última instancia un proceso de desindigenización o blanqueamiento de la nación. Proceso deseado, incluso hoy, en tiempos de proclamas a favor de la diversidad cultural o respeto a las identidades indígenas. El mestizo aspira a ser blanco, no indígena, bajo el contexto poscolonial.

Una historia crítica del Descubrimiento y Conquista de América, no puede prescindir de abordar el etnocidio, y la implantación de un sistema colonial que implantó la servidumbre y el esclavismo. Sin embargo, tampoco puede cultivarse un antioccidentalismo, que derive en simple contraposición (o beligerancia) de identidades indígenas e identidades criollas/hispánicas. Otra dimensión es la crítica a la historiografía militante, que subordina el análisis histórico a interpretaciones de tipo nacionalista. Una visión más equilibrada, supondrá primero una crítica y autocrítica frente a los sesgos y arrogancias académicas, que no permiten incorporar perspectivas más complejas y profundas de los hechos. Visiones eurocéntricas e instrumentalización del discurso indigenista, permean explicaciones históricas que siguen gozando de gran difusión.

El Cristóbal Colón mitificado y glorificado, impide la representación de un Cristóbal Colón real o histórico. Los atributos de Colón, no pueden oscurecer sus limitaciones o intereses de época, y viceversa. Como refleja su bitácora o diario de viaje, Colón buscó elaborar un relato funcional a lo que deseaba escuchar la corona española, y favorecer sus intereses personales (Duverger, 2017). El Almirante, además, como explica Christian Duverger, “imaginó dos grupos autóctonos: los buenos (nace la figura del “buen salvaje”) y los malos (los caníbales). Los primeros son pacíficos, mansos… nacidos para ser súbditos y vasallos… Los segundos viven fuera de la ley natural, son belicosos, guerreros, matan a sus enemigos y comen carne humana: capturados por los españoles, harán excelentes esclavos. Es una ficción que legitimará la futura esclavitud de los autóctonos” (pág. 17). Colón no quiere aceptar la existencia de sociedades complejas entre los taínos, con normas político-territoriales, estructuras familiares y cosmovisión propia. Ya sea, por incapacidad de comprender al otro, o simple cálculo personal, Colón inaugura una mirada, donde se reduce al otro a la condición de sujeto ontológicamente desigual, y por lo tanto susceptible de ser subordinado o esclavizado.

La leyenda negra sobre España y la conquista, existió y todavía pervive en parte. El problema es que convive con una leyenda blanca o dorada, igual de rechazable. El discurso nacional-católico de la época franquista, hoy es retomado por sectores ultraderechistas como el Partido Vox y afines. Desde la producción historiográfica, libros como el de Elvira Roca Barea (“Imperofobia y leyenda negra”, 2016), han tenido cierta aceptación académica y considerable difusión. Nuevamente, se presenta una historia cuyo único objetivo es la exaltación de la gesta hispánica, a partir del rechazo a las críticas pasadas y presentes hacia la colonización[3].

Sin embargo, junto a esta producción hay textos históricos valiosos, publicados en las últimas décadas en España, tales como los escritos por el historiador Antonio Espino López, quien no duda en criticar el conservadurismo o negacionismo historiográfico:

“El problema de fondo, es que, en cuanto a la conquista, nunca se quisieron aceptar los muchos males, las muchas tragedias, que conlleva toda actuación imperialista. Sólo una ideología conservadora, nacionalcatólica, racista e imperialista heredera del franquismo nos permite sostener hoy en día, en pleno siglo XXI, que el colonialismo español tuvo aspectos positivos… La historiografía americanista creó un discurso en el que, en la conquista de América, la guerra no tuvo relevancia ni casi víctimas; fue un imperialismo sin explotación; fue un colonialismo amable y heterodoxo, ya que, en lugar de sustraer, enriquecía: proporcionó una lengua, una cultura, una civilización… No arrasó nada importante, porque poco había de importante que se perdiera” (2019).

Junto a esta crítica hacia el colonialismo y sus huellas, es importante criticar también el “colonialismo hacia dentro” que practicaron las repúblicas o estados americanos independientes, desde el siglo XIX. En ese sentido, es saludable que el presidente Manuel López Obrador de México, haya reconocido la importancia de pedir perdón a los pueblos originarios, por la persecución, expolio, agresión y genocidios emprendidos por el gobierno mexicano en contra de pueblos como los yaqui y maya, así como la persecución racista contra los migrantes chinos a inicios del siglo XX. En la conocida carta dirigida al rey de España y el Papa Francisco, del año 2019, el presidente de México no solo solicita el reconocimiento de los abusos perpetrados durante la colonización, sino también formula la idea de que el Estado mexicano reconozca sus propias responsabilidades[4].

Resulta discutible si un país debe disculparse o pedir perdón por hechos ocurridos hace varios siglos. No ocurre lo mismo con el colonialismo más reciente, donde sí se hace necesario incluso políticas de reparación. Resalta, por ejemplo, el caso del rey Felipe de Bélgica, quien el 2020, expresó su “profundo arrepentimiento” por las “heridas y humillación” que el colonialismo de su antepasado Leopoldo II (1835–1909) causó en el Congo: “Quiero expresar mi más profundo arrepentimiento por las heridas del pasado cuyo dolor revive hoy por la discriminación aún demasiado presente en nuestras sociedades”[5]. Para el caso español, muchos historiadores descartan de plano un gesto similar, considerándolo ridículo y absurdo. Sin embargo, llama la atención como el gobierno de Mariano Rajoy el 2015, aprobó una ley de reparación histórica hacia los judíos expulsados de España hace 529 años (edicto de los Reyes católicos: “Acordamos de mandar salir todos los judíos y judías de nuestros reinos y que jamás tornen ni vuelvan a ellos ni alguno de ellos”). El rey Felipe VI, expresó en aquella ocasión, lo siguiente: “(hubo) decisiones y coyunturas políticas que truncaron la convivencia entre los dos pueblos… Los sefardíes aceptaron sin rencor el silencio de la España mecida en el olvido… Gracias por haber hecho prevalecer el amor sobre el rencor” (2015)[6].

Llaman la atención, algunos argumentos esgrimidos por políticos, intelectuales, escritores e incluso historiadores, para rechazar las críticas hacia la colonización y las posturas como las de López Obrador. Uno muy manido, es la referencia al apellido castellano o español que llevan muchos latinoamericanos críticos frente a la colonización. Su condición de descendiente de españoles supuestamente los deslegitima. Naturalmente, se ignora (u omite) que millones de hombres y mujeres indígenas, fueron bautizados con nombres castellanos, durante la asimilación a la religión cristiana. Nombres de origen quechua o aymara, fueron castellanizados a lo largo del periodo virreinal. El historiador Miguel Martínez (Universidad de Chicago), afirma que: “Señalar que las personas latinoamericanas tienen nombres y apellidos españoles para deslegitimar cualquier reivindicación anticolonial, o como prueba de su hispanidad, sería como relativizar la historia de la esclavitud, o despreciar la lucha por los derechos civiles, diciéndole a un afroamericano que tiene apellidos ingleses” (2021).

Ciertamente cualquier crítica hacia el colonialismo europeo, debería ir acompañada de una severa crítica hacia el colonialismo interno, que llevó al exterminio de los pueblos indígenas de Norteamérica por los EE.UU., la eliminación de los pueblos mapuches por Argentina y Chile, o el genocidio cauchero en el Putumayo (Perú). Los reclamos históricos de los pueblos indígenas, no pueden ser tomados a la ligera, ni por España o Europa, ni por los mismos Estados de América. Finalmente, no deberían ser tolerables, expresiones absurdas como que el indigenismo es un “nuevo comunismo”, buscando desacreditarlo, tal como se proponen líderes ultraderechistas[7]. En tiempos en que se derriban o cuestionan estatuas de esclavistas, colonialistas y otros personajes, es importante no ceder ante sinrazones, pero tampoco desacreditar reivindicaciones válidas y justas. Algunas estatuas tendrían más sentido estando en salas de museos, antes que en espacios públicos; ello debido a que no dejan de rememorar injusticias históricas, y legitimaciones de grupos de poder, que inauguraron esos monumentos en épocas ya lejanas.

Notas:

[1] Argentina el año 2010 rebautizó el 12 de octubre como “Día de la Diversidad Cultural Americana”. Bolivia el 2011 estableció el “Día de la Descolonización en el Estado Plurinacional de Bolivia”. Costa Rica en 1994, pasó a llamar a esta fecha “Día de las Culturas”. Ecuador cada 12 de octubre celebra el “Día de la Interculturalidad y Plurinacionalidad con inclusión y justicia”. Guatemala celebra el “Día de la Resistencia Indígena”. Venezuela el 2002 estableció el “Día de la Resistencia Indígena”. El Perú desde el 2009 establece el ‘‘Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural”. Chile lo denomina ahora “Día del Descubrimiento de Dos Mundos”. Nicaragua lo denomina “Día de la Resistencia Indígena, Negra y Popular”. República Dominicana celebra el 12 de octubre el “Día de la Identidad y Diversidad Cultural”, mientras Uruguay celebra desde el 2014, el “Día de la Diversidad Cultural”. Actualmente 130 ciudades de EE.UU. han sustituido el Día de Colón por el Día de los Pueblos Indígenas, y el presidente Joe Biden es el primero en emitir una proclamación para conmemorar el Día de los Pueblos Indígenas, y ha declarado que el país: “celebra las inestimables contribuciones y la resistencia de los pueblos indígenas, reconoce su soberanía inherente y se compromete a honrar las obligaciones del Gobierno federal en materia de fideicomisos y tratados con las naciones tribales”. https://cnnespanol.cnn.com/2021/10/11/estos-estados-dejan-dia-de-colon-celebrar-dia-pueblos-indigenas-trax/

[2] El difusor de esta denominación fue el historiador mexicano Miguel León Portilla. La idea de “El encuentro de dos mundos”, fue criticada principalmente por el historiador y filósofo Edmundo O Gorman: el verdadero problema en la tesis de León-Portilla estriba en determinar si el contacto entre ambas culturas supone una «fusión» y por tanto, si hubo o no ese «mestizaje cultural» que con tanto aplomo y entusiasmo nos invita León-Portilla a conmemorar y festejar… en verdad sólo hubo una entrañable asimilación ontológicohistórica de la realidad natural y moral americana a la del mundo europeo… “La falacia histórica de Miguel León Portilla sobre el “encuentro del Viejo y Nuevo Mundos” (1987). https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=80390

[3] “Entre otras cosas, abogaba por no demonizar la Inquisición ni la conquista de América, pues los imperios fueron “un motor de evolución crucial”. Así, la Leyenda Negra habría “fabricado imágenes arquetípicas negativas con el fin de perjudicar a las naciones a las que se teme” y, según Roca Barea, esta propaganda no es cosa del pasado. Su intención de recuperar la autoestima española a través de la Historia la convirtió en un best-seller en la calle y en los despachos políticos. Ciudadanos, Vox y el PP han laureado a Imperiofobia, y no son los únicos”. https://www.eldiario.es/cultura/historia/imperiofobia-abderraman-iii-barbaridad_128_1493640.html

[4] Carta del presidente mexicano Manuel López Obrador al rey de España, Felipe VI, 25 de marzo de 2019. https://www.gob.mx/presidencia/documentos/carta-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador-a-felipe-vi-rey-de-espana

[5] Son múltiples los contextos en que algunos países han pedido perdón, tales son los casos de Francia, Reino Unido, Alemania, Holanda, Canadá, Japón, entre otros. Acá una nota relacionada: Cuando los países dicen “lo siento”https://www.elperiodico.com/es/politica/20190327/antecedentes-paises-piden-perdon-abusos-pasado-7376619

[6] Discurso del rey Felipe VI en el Comedor de Gala del Palacio Real de Madrid el 30 de noviembre de 2015.

[7] Ayuso, desde EEUU: “El indigenismo es el nuevo comunismo”. La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, afirmó que crece alarmantemente un movimiento que “dinamita el legado español” y propone “una revisión maniquea de la Historia”. España ha dejado un legado que se encuentra “entre los mayores hitos de la historia”, caracterizado por “el mestizaje y fusión de culturas que nos han hecho tan fuertes”. https://www.huffingtonpost.es/entry/ayuso-desde-eeuu-el-indigenismo-es-el-nuevo-comunismo_es_61517c8be4b0016411962b53

Referencias:

Abad, J. y Maneto, F. (03 octubre 2021). “El pasado remoto como argumento político”. https://elpais.com/espana/2021-10-04/el-pasado-remoto-como-argumento-politico.html?ssm=FB_CC&fbclid=IwAR3ruewz3fxRx8N07Sdcg91GsvzwwMXy6umKIq4UsmYNGOOm1OKP1PnOnYkb

Duverger, C. (2016). Diario de abordo (Cristóbal Colón). Madrid: Taurus.

Espino, A. (27 marzo 2019). “La conquista de América: ¿pedir perdón?” https://es.ara.cat/opinion/antonio-espino-lopez-conquista-america-pedir-perdon_1_2685600.html

Moreno, J. (2021). Conmemoraciones hispánicas y nacionalismo español. Madrid: Marcial Pons Historia.

Roca Barea, M. (2017). Imperiofobia y leyenda negra: Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. Madrid: Siruela.

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